Chirrinchi y licor de caña hechos con maestros artesanos de Nariño. El encargo: vender un destilado ancestral colombiano sin caer en el folclor ni disfrazarlo de whisky europeo.

Un destilado artesanal latinoamericano suele caer en uno de dos lados. El folclor: tipografía de afiche, saturación, la artesanía como pintoresquismo. O la impostura: serif inglesa, sello dorado, la marca fingiendo que nació en Escocia.
Las dos mienten. Y el producto se vende justamente sobre lo contrario — doble destilación, sin aditivos, sin saborizantes. La honestidad del proceso es el argumento comercial, no un detalle de la etiqueta.
Así que el sistema visual tenía un solo trabajo: sonar tan directo como el producto.
Cero mentiras en la botella.
Verde de caña oscuro como base: el campo, no la boutique. Amarillo eléctrico para el titular: la energía del trago, sin pedir permiso. Tipografía display robusta, de cantina y no de perfumería.
Contención donde importa: la botella se fotografía en el cañaveral real, a contraluz de atardecer. El producto no necesita adornarse; necesita verse como es.
El sitio funciona en español e inglés, con carrito y pedido directo por WhatsApp — el canal donde esta compra realmente ocurre en Colombia.
Etiqueta en rombo, tipografía condensada, información completa a la vista: grado, volumen, ingredientes, quien lo hizo. Nada escondido en letra chica.
Cada referencia se fotografió en el cañaveral. Mismo encuadre, misma hora de luz, misma distancia — para que la línea se lea como una familia y no como seis productos sueltos.
Identidad y sistema de etiqueta para la línea completa. Dirección de fotografía de producto. Sitio bilingüe con catálogo, carrito y pedido por WhatsApp. SEO técnico con datos estructurados por producto, sitemap y tarjetas para compartir.
El sitio está en línea y vendiendo.
Ver el sitio en vivo →Marca, fotografía y tienda. Un solo estudio, una sola voz.
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